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Los perros se pueden suicidar, ¿sí o no?
Los perros se pueden suicidar, ¿sí o no?
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Los perros se pueden suicidar, ¿sí o no?

Existen muchas incógnitas sobre si los peros pueden suicidarse o no, aquí te traemos la respuesta.

¿Has oído hablar alguna vez del puente de Overtoun, en Milton? Esa pequeña ciudad escocesa se hizo famosa por tener un puente en el que los perros se suicidaban. Es un puente real, y la historia que se cuenta también lo es. Los perros que pasaban por allí, inexplicablemente, se lanzaban al vacío; eso fue lo que hizo que la gente comenzará a llamarlo el puente de los perros suicidas.

No obstante, estas mascotas no se suicidaban, ni mucho menos. No ansiaban la muerte, no buscaban el suicidio, sino que saltaban porque se veían atraídos por unos visones que habían formado una colonia justo debajo del puente. Los humanos somos los únicos animales capaces de quitarnos la vida premeditadamente, puesto que nuestro raciocinio, nuestra capacidad de decisión, hace que ese instinto de supervivencia que traemos de serie pase a un segundo plano en según qué momentos. Somos capaces de obviar este instinto básico y dejarnos llevar por emociones muy intensas (y tóxicas), y cometer auténticas locuras.

 Puente de Overtoun, Milton Puente de Overtoun, Milton

Pero un perro, al igual que un gato o un conejo, no es capaz de practicar el suicidio así como tal. Nuestras mascotas no se quitan la vida a propósito, no saltan de un puente para poner fin a todo... Pero sí son capaces de suicidarse de otra forma. Pueden, perfectamente, decidir que no quieren vivir más, y que la muerte es la mejor alternativa. Y, en ese momento, dejan de comer y de cumplir cualquier función básica, y se dejan morir.

Si entendemos el suicidio como algo que requiere una planificación, los perros no pueden suicidarse. Pero si hablamos del suicidio como algo que nos lleva a una muerte que, de otro modo, no hubiera llegado, sí que pueden hacerlo.

Dejarse morir también es suicidio

Si un perro que lleva toda su vida con una persona ve cómo esta desaparece, sin más, sin explicación, entrará en un estado que, de ser un humano en lugar de un perro, se consideraría depresión. Esa tristeza absoluta, ese sentirse abandonado, posiblemente sí que podría llevarle a que dejara de comer y, finalmente, moriría.

Puede dejar de comer para acabar con su vidaPuede dejar de comer para acabar con su vida

El perro no toma la decisión de morir, de practicar su suicidio, sino que decide que vivir ya no le interesa. El resultado es el mismo, pero no se sigue el mismo proceso, puesto que el perro no se quita la vida activamente. No es capaz de premeditar su muerte y de llevarla a cabo, sino que simplemente deja que su cuerpo se apague por sí mismo al no introducirle alimento de ningún tipo.

Los perros no son los únicos animales que hacen esto, sino que los gatos también pueden hacerlo. Es más habitual, incluso, en los gatos, que son más reticentes a comer cuando hay cambios en su entorno que le afecten directamente. Se han dado casos de gatos que han dejado de comer al cambiar de vivienda, y los dueños han tenido que esforzarse mucho para que su mascota volviera a comer.

La depresión en las mascotas

Cuando hablamos de suicidio canino, seguramente siempre pensemos en esas imágenes de perros llorando encima de las tumbas de sus compañeros humanos fallecidos. Los perros son animales muy sociales y, además, capaces de coger cariño con facilidad a sus dueños. Cuando esa persona muere, probablemente el animal acabe entrando en depresión, y este es un estado del que será muy difícil sacarle. No obstante, no queda más remedio que hacerlo si no se quiere que todo acabe en el suicidio del animal, en su muerte.

Tu perro puede tener depresiónTu perro puede tener depresión

Seguramente conozcas la historia de Hachiko, el perro que esperó a su dueño durante más de diez años en la estación de Tokio. El problema de casos como este es que la gente no ayuda a los perros, no los saca del sitio en el que están; lo que tendrían que haber hecho con Hachiko no era alimentarle en la estación, sino acogerle, sacarle de allí, mostrarle que hay una vida después de su dueño. La depresión en los animales debe tratarse, al igual que se trata en las personas (aunque no con los mismos métodos, por supuesto).

Los perros, al igual que las personas, pasan por etapas de tristeza, de depresión, y estas deben tratarse. Puede tratarse con medicamentos, con terapias... Aunque parezca un absurdo, aunque parezca que es innecesario, para que un perro vuelva a tener ganas de vivir debe superar la depresión. Eso implica que debe haber alguien con él dispuesto a tratarlo, a preocuparse por sus necesidades básicas.

Voces contrarias

Mónica Arias Brocal, una licenciada en Psicología y en etología, habló hace tiempo con Eldiario.es sobre el suicidio en los perros, y explicó lo siguiente: "La mayoría de científicos no hablan de suicidio en animales. Parece que es difícil demostrar el suicidio animal a través del método científico. Hay investigadores que sostienen que en la actualidad todavía no se conocen métodos suficientes para demostrar determinados acontecimientos. El investigador Antonio Petri, psiquiatra de la Universidad de Cagliari (Italia), ha estudiado en profundidad el suicidio en los animales y uno de sus alegatos es que no se puede demostrar que el animal toma la decisión consciente de morir, por tanto, no se puede hablar de suicidio en animales".

Esto puede tratarse con medicamentos y tratamientosEsto puede tratarse con medicamentos y tratamientos

No obstante, Arias no está de acuerdo con esta teoría. "Aislamiento, enfermedad, duelo o pérdida, abusos, traumas, cambios radicales en el comportamiento o estado de ánimo, emociones negativas", todo eso puede afectar al estado anímico de una mascota, de un animal, y acabar favoreciendo esa especie de suicidio.

El fin del suicidio es, independientemente de cómo se realice este, la muerte. Y lo que los perros consiguen tras dejar de comer, tras rendirse, es morir. Los perros no son los únicos que reaccionan así ante situaciones duras; se han dado casos de delfines que dejan de respirar al estar en piscinas pequeñas. Eso es, a fin de cuentas, un suicidio. Mas siempre habrá voces dispares al respecto, porque todo depende mucho de cómo se analice, de las especies animales de las que se hable y de las circunstancias específicas que se han dado. En el caso que hemos mencionado al principio, los perros no se suicidaban, sino que saltaban buscando a los visones, como el gato que salta por la ventana en busca de un pájaro.

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