¿Cuándo se puede sacar a un cachorro a la calle? Todo pasa por sus vacunas. Este es el calendario que siguen los veterinarios en España, semana a semana, con las vacunas obligatorias, las que dependen de tu zona y los errores que salen caros.
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Hay una pregunta que en las clínicas se repite casi a diario: "¿cuándo puedo bajar a mi cachorro a la calle?". Y la respuesta incomoda a más de uno, porque casi siempre es «espera un poco más». Hasta que un cachorro no termina sus vacunas, el suelo de cualquier parque es terreno minado. Así que, antes de pensar en paseos, toca hablar de pinchazos.
El calendario que tienes más abajo es el que manejan casi todos los veterinarios en España. No es una ley grabada en piedra: cada perro va a su ritmo y tu veterinario puede adelantar o retrasar una dosis según la raza, el peso o la zona donde viváis. Pero como mapa general, sirve.
Por qué una sola vacuna no basta
Los cachorros vienen de serie con una protección prestada. Las primeras semanas, los anticuerpos que maman del calostro les cubren las espaldas. El problema es que esa defensa caduca sin avisar, y nadie sabe el día exacto en que deja de funcionar en un perro concreto.
De ahí que se pongan varias dosis. Mientras quedan anticuerpos de la madre, la vacuna apenas "prende", porque esos mismos anticuerpos la neutralizan. Repetirla cada pocas semanas sirve para cazar el momento justo: cuando la protección prestada baja y el cuerpo del cachorro ya es capaz de fabricar la suya. Saltarse una dosis o espaciarla de más abre una ventana por la que se cuela lo peor. Y en un cachorro, lo peor suele llamarse parvovirosis: una diarrea con sangre que lo deshidrata en cuestión de horas.
Antes de vacunar hay que desparasitar
Un detalle que mucha gente se salta: vacunar a un cachorro lleno de parásitos es tirar el dinero. Las lombrices no solo le provocan diarreas y le frenan el crecimiento; también tienen al sistema inmune ocupado en otra guerra, y la vacuna responde peor.

Por eso la desparasitación interna empieza antes, hacia las dos semanas de vida, y se repite cada dos o tres semanas durante toda la pauta. Las pulgas y garrapatas son otro frente, más pendiente de la época del año y de si el perro pisa campo. Nada de esto se calcula a ojo en casa: el producto y la dosis van por peso, y es de las primeras cosas que se atan en la primera revisión.
El calendario, semana a semana
Con las edades como referencia aproximada, este es el esquema habitual:
| Edad | Qué toca | Contra qué protege |
|---|---|---|
| 6 a 8 semanas | Primera polivalente (a veces se arranca con una monovalente de parvovirus) | Moquillo, parvovirus, hepatitis y parainfluenza |
| 10 a 12 semanas | Segunda polivalente y primera de leptospirosis | Refuerza lo anterior y suma la leptospirosis |
| 14 a 16 semanas | Tercera polivalente, segunda de leptospirosis y rabia donde es obligatoria | Cierra la inmunidad básica y añade la rabia |
| Desde los 6 meses | Leishmaniosis (opcional y con análisis previo) | Leishmaniosis, un problema serio en media España |
| Al año | Primer recuerdo | Mantiene todas las defensas al día |
Fíjate en un detalle que no es menor: la última dosis no se pone nunca antes de las 16 semanas. Si se adelanta, los anticuerpos de la madre pueden estropearla y te quedas con un perro que parece protegido y no lo está. Hay veterinarios que, por prudencia, rematan con un recuerdo hacia los seis meses.
Qué hace cada pinchazo
No todas las vacunas pesan lo mismo. Hay un grupo que se considera imprescindible para cualquier perro, viva en un cuarto piso o en una finca:
- Moquillo: un virus que ataca a la vez al aparato respiratorio, al digestivo y al sistema nervioso. Deja secuelas y muchas veces mata.
- Parvovirus: el enemigo número uno de esta etapa, con esa diarrea sanguinolenta que se lleva por delante a cachorros sin vacunar.
- Hepatitis canina: causada por un adenovirus, va sobre todo a por el hígado.
- Rabia: mortal y contagiosa también para las personas, y por eso metida en la ley.
Todas menos la rabia suelen ir en la misma jeringuilla, la que se conoce como polivalente. Con los años se irán sumando otras según la vida que lleve el perro, algo que toca repasar con la lista completa de vacunas de un perro adulto.
Las que dependen de dónde viváis
Después están las «opcionales», que de opcionales tienen poco según la zona:
- Leptospirosis: una bacteria de charcas, ríos y orina de roedores. Sube mucho en perros de campo.
- Tos de las perreras: casi obligada si tu perro va a pasar por residencias, guarderías caninas o sitios con muchos perros juntos.
- Leishmaniosis: a valorar sí o sí en las zonas donde vive el mosquito que la transmite.
La leishmaniosis es el caso más español de la lista. Buena parte del país es zona de riesgo por culpa de un mosquito minúsculo, el flebótomo, y la enfermedad es de las que dan miedo. Su vacuna tiene condiciones: no se puede poner hasta los seis meses y pide un análisis previo para asegurarse de que el perro no está ya infectado sin que lo sepamos.
La rabia y el lío de las comunidades
Aquí España se pone curiosa. La vacuna de la rabia es obligatoria en casi todo el país, salvo en Cataluña, el País Vasco y Galicia, donde no la exigen con carácter general. Que no sea obligatoria en tu comunidad no quiere decir que sobre: muchos veterinarios la recomiendan igual, y en cuanto quieras cruzar a otra comunidad o salir al extranjero te la van a pedir, porque el pasaporte europeo no se concibe sin ella. Se pone a partir de las doce semanas y se renueva cada uno a tres años, según la normativa.
El dilema de la calle
Y así volvemos al principio. Hasta que no cierra la pauta, el cachorro no debería pisar la acera ni juntarse con perros de los que no sabes nada. El parvovirus aguanta meses en el suelo, o sea que un simple charco puede ser una trampa.
Lo complicado es que esas mismas semanas son la mejor ventana para que el cachorro aprenda a ser perro. Encerrarlo del todo se paga caro más adelante, en forma de miedos y manías. La salida no es aislarlo, sino socializarlo sin exponerlo: en casa, con visitas, ruidos y texturas distintas, y con algún perro adulto sano y vacunado de confianza. Da tiempo de sobra para ir educándolo mientras esperáis el alta.
Un aviso práctico. Después de cada vacuna es normal que el cachorro ande apagado o con algo de fiebre un día o dos. Si en cambio se le hincha la cara, vomita o le cuesta respirar, no esperes y llévalo al veterinario: son señales de reacción alérgica, raras pero serias.
Y cuando acaba la pauta, ¿ya está?
Pues no del todo. Al año se pone el primer recuerdo y, a partir de ahí, la cosa se relaja sin desaparecer. Las esenciales suelen renovarse cada tres años; la leptospirosis, la rabia donde toque y la tos de las perreras van año a año.
El mejor consejo es aprovechar esa vacuna anual como excusa para una revisión en condiciones: pesarlo, mirarle la boca, escucharle el corazón y, con los años, alguna analítica. Un cachorro bien vacunado y bien seguido tiene casi todo el trabajo hecho. Lo que queda, cuando por fin llega el alta, es estrenar los primeros paseos sin sobresaltos.
Fuentes
WSAVA, Guidelines for the Vaccination of Dogs and Cats
American Veterinary Medical Association (AVMA), Pet Vaccinations